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Entre la ciencia y el mar: Juan Carlos Castilla recibe el Premio Monseñor Carlos Casanueva 2026

12 de Junio de 2026

10 MINUTOS DE LECTURA

Fotos sitio web (12)
photo_camera"Es un reconocimiento a toda una vida, he sido parte de la Universidad Católica por más de 65 años. Me llena de orgullo” - Juan Carlos Castilla, Premio Monseñor Carlos Casanueva 2026.

El trabajo del profesor emérito de la Facultad de Ciencias Biológicas y Doctor Scientiae et honoris causa ha marcado la investigación en ecología marina y las políticas ambientales de Chile, contribución que fue reconocida con el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas en 2010. Su legado incluye la fundación y dirección de ECIM, una de las primeras áreas protegidas de Chile y un modelo internacional en conservación marina.

Por Pilar León

“Siempre con el corazón puesto en la universidad, le debo la vida a la UC”. Con esas palabras, el Dr. Juan Carlos Castilla describe sus sentimientos hacia la Universidad Católica, institución que este año lo distingue con el Premio Monseñor Carlos Casanueva, el máximo reconocimiento que puede obtener un académico en su trayectoria.

“No me lo esperaba. Es un reconocimiento a toda una vida, he sido parte de la Universidad Católica por más de 65 años. Me llena de orgullo” – Juan Carlos Castilla, Premio Monseñor Carlos Casanueva.

Para el profesor emérito de la Facultad de Ciencias Biológicas UC y Doctor Scientiae et honoris causa, fue una sorpresa recibir esta noticia: “No me lo esperaba. Es un reconocimiento a toda una vida, he sido parte de la Universidad Católica por más de 65 años. Me llena de orgullo”.

Juan Carlos Castilla inició su camino en la UC al ingresar a Pedagogía con mención en Química y Ciencias Naturales, en la sede de calle Dieciocho. Allí conoció al académico que marcó su formación y cambiaría su rumbo, el Dr. Patricio Sánchez. “En el camino me encontré con un maestro maravilloso, extraordinariamente generoso e inteligente”, recuerda.

Impulsado por el trabajo desarrollado junto a su mentor, continuó sus estudios en el extranjero y realizó un doctorado en Biología Marina en la Universidad de Gales (Reino Unido), seguido de posdoctorados en la Universidad de Leicester (Reino Unido) y en la Universidad de Duke (EEUU).

Una estación que inspiró la conservación marina a nivel mundial

A su regreso a Chile a finales 1971, Castilla se incorporó a la universidad como académico y centró su estudio en invertebrados marinos, especialmente, en el loco (Concholepas concholepas). “Tuve la habilidad de reconocer en este animal la posibilidad de que fuese una especie clave en el sistema intermareal rocoso”, señala.

Después de tres años de trabajar en un pequeño laboratorio marino de 9 m2 en Casa Central, donde estudió aspectos biológicos de este molusco, comenzó a salir a terreno para evidenciar su importancia en el ecosistema costero. “Fuimos aprendiendo que el loco es un carnívoro que se alimenta de una especie dominante, los choritos (Mitylus chilensis). Entonces, si tú sacas los locos de un sistema, las rocas se llenan de choritos y si los colocas ahí, se los comen”, explica.

A lo que agrega: “Cuando hay habitantes costeros, lo primero que se extrae son los locos, por lo que empezamos a pensar en los sistemas intermareales que podrían ser distintos sin pescadores y mariscadores de orilla. Y ahí, viene la necesidad de poder demostrar como el ser humano interactúa con las comunidades naturales, y surge la idea de crear una infraestructura de investigación en sistemas costeros”.

Juan Carlos Castilla centró su estudio en invertebrados marinos, especialmente, en el loco (Concholepas concholepas).

Con el apoyo de la UC y el financiamiento del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo de Canadá (IDRC, por sus siglas en inglés), Juan Carlos Castilla y Patricio Sánchez buscaron en la costa central de Chile un terreno donde construir una estación marina con fines científicos.

Arriba de uno de los Land Rover con los que antes habían recorrido el país para investigar el intermareal, observaron lugares entre Santo Domingo y Papudo, hasta que visitaron “Punta del Lacho”, una putilla rocosa de Las Cruces, que ambos conocían bien.

En 1982 comenzó la construcción de la primera estación y, bajo la dirección de Castilla, se cerró el perímetro con el objetivo de observar qué ocurría con los recursos marinos en un entorno libre de intervención humana.

El investigador UC explica que “ahí desarrollamos un modelo que luego pusimos en la práctica: se llamó Áreas de Manejo y de Explotación de Recursos Bentónicos -AMER. Muy importante para los pescadores artesanales y que fue incluido en la Ley de Pesca”.

Así, la Estación Costera de Investigaciones Marinas (ECIM) UC se transformó en una de las primeras áreas protegidas de Chile en 2005, convirtiéndose en un referente para la creación de zonas de conservación similares a nivel mundial.

“Celebramos hace poco sus 40 años, tiempo en el que la universidad desarrolló una disciplina, la Biología Marina, que ha llevado a su máximo potencial. La estación no sólo es un orgullo nacional, sino que también internacional. Esto, gracias al trabajo e impulso de las personas que la conforman” – Juan Carlos Castilla, Premio Monseñor Carlos Casanueva.

Para Juan Carlos Castilla, ECIM es un orgullo nacional e internacional. “Celebramos hace poco sus 40 años, tiempo en el que la universidad desarrolló una disciplina, la Biología Marina, que ha llevado a su máximo potencial. La estación no sólo es un orgullo nacional, sino que también internacional. Esto, gracias al trabajo e impulso de las personas que la conforman”.

Sin embargo, para el profesor aún queda una deuda pendiente en educación marina: la construcción de acuario para los niños y niñas. “A mi juicio, desde la estación no deben soltar esta hebra, que seguramente será una derivada extremadamente rica para Chile. Debería ser un proyecto universidad-país en pos del desarrollo de la cultura marina”, enfatiza.

Foto libro ECIM 40 años.

Un referente en ecología marina

El trabajo del Dr. Juan Carlos Castilla ha influido tanto en la comunidad científica como en las políticas medioambientales de Chile. Sus investigaciones sobre los impactos del ser humano en la costa del país y sus ecosistemas, ha reformado las aproximaciones globales del manejo y conservación de zonas costeras.

Además, su enfoque científico ha logrado unir la investigación básica con aplicaciones prácticas para la gestión de recursos marinos, gracias al trabajo colaborativo con comunidades de pescadores artesanales.

“Con todo lo que habíamos hecho, junto a un grupo de investigadores estábamos listos para incidir en la Ley de Pesca de 1991. Un paso muy importante era incorporar a los pescadores artesanales. Tomando el modelo que habíamos aplicado en Las Cruces, propusimos un concepto novedoso para Chile, y gran parte del mundo, las áreas de co-manejo y explotación”, cuenta.

Para Castilla se armó un círculo virtuoso que pocas veces se concreta en las ciencias: “Primero es el desarrollo de la ciencia básica, conocer y entender los sistemas, luego ver el rol del ser humano e incorporarlo como un co-manejador de los recursos. Esto, le ha dado a Chile un realce mundial extraordinario, porque es un diseño, no solo basado en políticas públicas, sino que también en ciencia”.

A lo largo de su trayectoria, ha formado a cientos de generaciones de biólogas y biólogos marinos, publicado más de 320 artículos científicos y editado 15 libros. Asimismo, integra diversas academias científicas nacionales e internacionales, entre ellas, la Academia Chilena de Ciencias y la Academia de Ciencias de Estados Unidos.

Su destacada contribución al conocimiento y la conservación marina le ha valido numerosos reconocimientos: el Premio Pew en Conservación Marina (1996), el Premio Internacional en Conservación y Biodiversidad de la Fundación BBVA (2010), el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas (2010) y el Premio Ecologista Eminente de la Sociedad Ecológica de América (2024), entre otros.

“Es una cosa que he madurado con los años, pero me emociona pensar que, sin haberme dado cuenta, el desarrollo de mi trabajo influyó en la ética ambiental de las personas. También es importante para mí haber formado a investigadores y equipos de trabajo que siguen impactando en la sociedad en esta área. Ese elemento humano es esencial”, concluye.

Palabras de la Prorrectora Mariane Krause al anunciar el premio:

Es un gran honor rendir homenaje al doctor Juan Carlos Castilla Zenobi. Hablar de él no es solo repasar una lista de logros académicos o citas bibliográficas, es hablar del hombre que transformó radicalmente nuestra forma de entender la relación entre el ser humano y el océano, marcando un antes y un después en la ecología marina de todo el planeta.

Hoy este homenaje adquiere un brillo imperecedero al congregarnos para celebrar que su alma mater le otorga el máximo honor al que puede aspirar un profesor de nuestra institución, el Premio Monseñor Carlos Casanueva 2026.

La historia de Juan Carlos es ante todo una lección de esfuerzo y resiliencia profunda. Formado en el Liceo N° 6 de San Miguel y culminando su etapa escolar en un liceo nocturno, mientras trabajaba activamente para apoyar económicamente a su hogar, demostró desde muy joven que las barreras sociales se hicieron para ser derribadas.

Su pasión inquebrantable por el conocimiento lo llevó a titularse como profesor de esta, su casa, la Pontificia Universidad Católica de Chile. No se detuvo ahí. Cruzó el océano para obtener su doctorado en la Universidad de Gales, en el Reino Unido, regresando a nuestra patria con la firme convicción de estudiar aquello que tanto nos define geográfica e identitariamente: nuestro mar.

A su regreso el doctor Castilla se atrevió a romper con los dogmas de la ecología clásica. Hasta ese momento la ciencia tradicional miraba los ecosistemas marinos como burbujas aisladas de la actividad humana. Él cambió ese paradigma para siempre.

A través de experimentos pioneros de exclusión humana en la década de 1980, desarrollados en la célebre Estación Costera de Investigaciones Marinas, el ECIM de Las Cruces, un centro de vanguardia mundial que él mismo fundó, demostró algo revolucionario: que el ser humano no es un simple recolector externo, sino una especie clave dentro de las dinámicas de la naturaleza. Observó cómo el ecosistema se regeneraba de manera asombrosa cuando se le daba un respiro y transformó inmediatamente ese conocimiento científico en acción concreta.

Su legado jamás se quedó atrapado en el papel de las revistas científicas. Juan Carlos Castilla sacó la ciencia de los laboratorios y la llevó directamente a las caletas, al Parlamento y a las políticas públicas del país.

Sus rigurosas investigaciones fueron el pilar conceptual y metodológico para establecer las áreas de explotación y manejo de recursos bentónicos en la Ley de Pesca de 1991.

Logró lo que muy pocos científicos consiguen en su vida: que el conocimiento académico de vanguardia se convirtiera en el sustento económico directo de miles de familias de mariscadores y buceadores. Promovió un modelo ejemplar de cogestión con los pescadores artesanales, demostrando que ellos no eran el enemigo de la conservación, sino sus mejores aliados.

Profesor titular de nuestra Facultad de Ciencias Biológicas desde 1965, ha formado a generaciones enteras de científicos. Su brillante trayectoria le valió el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas en el 2010 y el prestigioso Eminent Ecologist Award el 2024. Pero el reconocimiento que recibe hoy, el Premio Monseñor Carlos Casanueva, toca una fibra distinta, distingue la impronta imborrable que ha dejado en nuestra comunidad universitaria, encarnando los valores fundamentales de excelencia, vocación pública y compromiso ético que inspiran a la UC.

Felicitaciones por este más que merecido reconocimiento.

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