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De política al matrimonio: Encuesta Bicentenario UC evidencia las diferentes visiones de mundo entre hombres y mujeres

7 de Abril de 2026

4 MINUTOS DE LECTURA

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photo_cameraLo que los números revelan no es solo una diferencia de opiniones, sino una reconfiguración profunda que atraviesa la política, la familia y el trabajo. Crédito foto: Pexels

Un nuevo análisis revela una divergencia profunda entre ellas y ellos en cuanto a valores, creencias y coordenadas desde las cuales miran el mundo. “Hombres y mujeres en Chile parecen estar experimentando algunos cambios culturales de las últimas décadas desde lugares distintos”, plantea la investigadora Emilia Saffirio, del Centro de Políticas Públicas UC.

Por Josefina Hirane

En una pareja chilena promedio, ella cree que el Estado debería hacerse responsable por el bienestar de las personas; él, que cada uno debe arreglárselas solo. Ella piensa que el matrimonio no tiene por qué ser para siempre; él cree que sí. Llevan años viviendo juntos, pero están interpretando el mundo desde coordenadas diferentes. Eso, multiplicado por millones de personas, es lo que muestran los datos.

A partir de un análisis a los resultados de la Encuesta Bicentenario UC -que recientemente cumplió 20 años tomándole el pulso a la sociedad chilena-, la investigadora Emilia Saffirio, del Centro de Políticas Públicas UC, plantea que “hombres y mujeres en Chile parecen estar experimentando algunos cambios culturales de las últimas décadas desde lugares distintos”. Lo que los números revelan no es solo una diferencia de opiniones: es una reconfiguración profunda que atraviesa la política, la familia y el trabajo.

El Estado, el mercado y la redistribución

Las divergencias comienzan en algo tan fundamental como la pregunta sobre quién debe hacerse cargo del bienestar de las personas. Según los datos de 2025, un 49% de los hombres considera que esa responsabilidad recae en el individuo —no en el Estado—, frente a apenas un 35% de las mujeres. Y cuando se trata del modelo de desarrollo del país, el 57% de las mujeres apuesta por una mayor igualdad social y redistribución de ingresos; entre los hombres, esa cifra cae al 43%.

Pero Saffirio advierte que lo más revelador no es la distancia actual, sino cómo se llegó a ella. “La divergencia no se debe a un desplazamiento simultáneo en direcciones opuestas”, dice, “sino principalmente a un retroceso en el apoyo masculino al ideal igualitario”. Desde 2014, la proporción de hombres que prioriza la igualdad social ha caído 13 puntos porcentuales, con un quiebre especialmente marcado en 2019. Las mujeres, en cambio, han mantenido posiciones relativamente estables.

Matrimonio, familia y los roles que persisten

Las diferencias se vuelven aún más nítidas cuando se aborda la institución familiar. Seis de cada diez hombres consideran que el matrimonio es un compromiso para toda la vida; entre las mujeres, esa proporción baja al 43%. Y ante la pregunta de si los padres deben permanecer juntos por sus hijos incluso cuando la relación se deteriora, el 27% de los hombres responde que sí, frente a apenas el 8% de las mujeres.

En materia de adopción para parejas del mismo sexo, la brecha no solo persiste: se ha ensanchado. En 2021 la diferencia entre hombres y mujeres era de 10 puntos porcentuales; en 2025 alcanza los 17.

Algo similar ocurre en el mercado laboral. Hasta 2018, hombres y mujeres compartían niveles similares de acuerdo con la idea de que hay trabajos “más adecuados” para cada sexo —en torno al 60%—. Después de ese año, las trayectorias se separaron de forma abrupta. Las mujeres protagonizaron una caída pronunciada en su adhesión a esa visión; los hombres, una caída mucho más gradual. Saffirio vincula ese quiebre con el auge del movimiento feminista en Chile y sugiere que “dicho ciclo de movilización habría tenido un efecto transformador, especialmente en las percepciones y actitudes de las mujeres”.

Una polarización silenciosa y global

En países de todos los continentes se ha abierto una brecha ideológica entre jóvenes de distinto sexo: en Alemania y Estados Unidos, las mujeres menores de 30 años son hoy 30 puntos porcentuales más progresistas que sus pares masculinos; en el Reino Unido, la diferencia es de 25 puntos. El Financial Times lo sintetizó así: la Generación Z son en realidad dos generaciones, no una.

Lo que los datos chilenos agregan es algo más inquietante: aquí la divergencia no se limita a los jóvenes. Los resultados de la Encuesta Bicentenario UC confirman que la brecha es transversal a todos los grupos de edad, lo que sugiere que no estamos ante un conflicto generacional pasajero, sino ante un cambio cultural más profundo y extendido.

Los datos no muestran simplemente opiniones distintas sobre temas específicos. Dibujan, más bien, dos trayectorias culturales que en las últimas décadas han comenzado a separarse. El resultado es una brecha que atraviesa ámbitos centrales de la vida social —la política, el mercado laboral y las relaciones familiares— y que, según sugiere la evidencia, no parece limitarse a una generación en particular. En Chile, hombres y mujeres no solo viven experiencias distintas: cada vez interpretan el mundo desde marcos más distantes.

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