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Libro de Profesores Titulares | Nicolás Figueroa González: Diseñar las reglas del juego 

10 de Abril de 2026

7 MINUTOS DE LECTURA

Foto Retrato Nicolás Figueroa

Nada fue planificado, pero todo terminó teniendo sentido. Desde las matemáticas a la economía, y de la teoría a las políticas públicas, el profesor Nicolás Figueroa ha construido una trayectoria académica marcada por el rigor, la libertad intelectual y una profunda vocación formadora. Su camino hacia la titularidad en la UC es también una historia sobre diseñar reglas para mejorar decisiones colectivas y acompañar a nuevas generaciones de economistas.

Por Cristina Pérez y Eliette Angel

El mensaje llegó mientras iba en el auto. Un mensaje del decano confirmaba que se había aprobado su promoción a profesor titular. “Me alegró mucho, porque es gente que no te conoce, de otras disciplinas, que mira tu trayectoria desde lejos y dice: Esta persona merece ser profesor titular de la Universidad Católica”.  

Ese fue el primer momento. El segundo vino meses después, en la ceremonia oficial, en el día de la universidad –el día del Sagrado Corazón de Jesús-, con misa, medalla y la cuenta pública del rector. Ahí, dice, el peso simbólico se volvió evidente. “Uno entiende que esto es central para la universidad”. También fue un reconocimiento compartido: con su esposa, sus padres y la conciencia de que la carrera académica nunca se construye en solitario. 

Nada en su camino hacia la economía estuvo planificado. Ingeniero Civil Matemático de la Universidad de Chile, formado en Beauchef, Nicolás Figueroa llegó a la disciplina casi por azar. “Estaba enamorado de las matemáticas, descubrí la teoría de juegos, y de ahí derivé a la economía”, relata.  

Sus padres eran ingenieros comerciales, pero nunca imaginó estudiar economía. Todo cambió cuando hizo su tesis en teoría de juegos, un territorio intermedio entre matemáticas y economía. Ahí apareció la pregunta por las aplicaciones. Corría el año 2000, con poca información disponible y muchas decisiones tomadas casi a ciegas. Postuló a doctorados sin una estrategia clara, más empujado por la vida que por un plan. Terminó en la Universidad de Minnesota (Estados Unidos), estudiando Economía, sin haber cursado prácticamente ramos de la disciplina en el pregrado. “Fue completamente casual. Pero me encantó. Y además no abandoné las matemáticas”. 

Desde temprano tuvo claro que lo suyo era la investigación. No se imaginó nunca como tomador de decisiones o autoridad. “Siempre me vi como el tipo que contribuye, que conversa con quienes deciden”, explica. Para él, investigar en economía es enfrentar problemas abiertos, pensarlos con rigor y aportar evidencia para mejorar decisiones que mueven enormes recursos.  

Explicar ese trabajo fuera de la universidad no siempre es fácil. “La gente entiende que seas economista, pero no que seas investigador”, acota. Su manera de explicarlo es simple: hay políticas públicas para las cuales no existe una respuesta obvia. Cada alternativa tiene efectos positivos y negativos, y la investigación sirve para mirar esos efectos con cuidado, evitar errores costosos y reducir espacios de desacuerdo. 

Tras terminar el doctorado, volvió a Chile y se integró al Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile. Cinco años después, en 2011, llegó al Instituto de Economía UC. La decisión tuvo varias capas: buenas condiciones para investigar, un proyecto académico ambicioso y la posibilidad de integrarse a un instituto robusto, con masa crítica.  

Firma de convenio que instaura la Cátedra Economía e IA en 2025, organizado por Ciencias Economicas y Administrativas UC.

“Me dijeron: queremos ser los mejores de Latinoamérica. Y les creí”, confiesa. También tuvo dudas. Venía de otro mundo académico y se preguntaba cómo sería la convivencia con una universidad confesional. “Jamás he sentido la menor presión. He tenido libertad absoluta para investigar y decir lo que considero correcto”. Hoy, afirma sin titubeos que no se equivocó. 

Su agenda de investigación se articula en torno a la teoría económica, particularmente al diseño de mecanismos: cómo definir reglas del juego para que, al dejar que los agentes actúen libremente, emerjan resultados socialmente deseables. Esa mirada metodológica unifica trabajos teóricos y aplicaciones concretas. Desde subastas y compras públicas, pasando por admisión escolar, hasta problemas actuales como las licencias médicas. “No le digo a la gente qué hacer. Digo: estas son las reglas del juego. Si las reglas están mal, los resultados salen mal. Cambiemos las reglas”. 

En un país como Chile, cuenta, la sociedad interpela rápido a la academia. “En Estados Unidos yo sería uno más. Aquí te llaman, te preguntan”. Esa cercanía con los problemas reales empujó su investigación hacia temas como desigualdad, mercado laboral y políticas públicas, incluyendo su participación en Propuestas para Chile 2020, del Centro de Políticas Públicas UC. Para él, hay también una responsabilidad asociada al privilegio de haber tenido una formación excepcional. “Uno sabe más de lo que cree, y tiene el deber de aportar. Y cuando lo explicas bien, con respeto, te escuchan”. 

A pesar de sus publicaciones en revistas de primer nivel, Nicolás Figueroa no duda cuando se le pregunta por aquello que más lo enorgullece de su carrera. “No es ninguna publicación. Son mis estudiantes”. Ha dirigido más de 40 tesis; muchos de sus exalumnos hoy cursan doctorados o son académicos en universidades de excelencia. Su estilo de formación no es encasillar, sino acompañar. “No formo una línea, ofrezco oportunidades. Les digo: Estoy trabajando en esto y en esto otro, elige lo que te motive”. Ese acompañamiento incluye entusiasmo, contención, freno cuando hace falta y, sobre todo, transmitir enamoramiento por la disciplina. “Eso es lo que hace que uno trabaje muchas horas durante muchos años”. 

El profesor Nicolás Figueroa estudia el rol de la información en la asignación del crédito y sus efectos macroeconómicos.

La carrera académica, dice, es demandante, pero no solitaria. “Yo no tengo ninguna publicación solo”. Es una vida colectiva, de colaboración constante, aunque exige madurez emocional, especialmente en los primeros años. “Da lo mismo cuán inteligente seas; si pierdes la estabilidad emocional, todo se multiplica por cero”. En ese equilibrio han sido clave su familia de origen y la familia que ha formado. “Hay sacrificios, hay frustraciones, hay publicaciones rechazadas. Pero es bonito. Nada es gratis”. 

Mirando hacia adelante, no espera que dentro de 20 años alguien recuerde sus teoremas. “Van a estar obsoletos”, sentencia. Le gustaría, más bien, que se entienda su forma de hacer economía: rigor metodológico, diálogo entre teoría y evidencia, y el valor del trabajo colectivo. 

“Al ver la lista de autores de una publicación, entiendan que investigar con otros, con colegas y con estudiantes, es profundamente enriquecedor”. 

¿Valió la pena el camino académico? La respuesta es inmediata. “Absolutamente”. Mezcló sus dos pasiones —matemáticas y economía— y encontró un lugar donde desarrollarlas con libertad. “Soy profundamente feliz con lo que hago”. Ojalá, dice, que cuando se lo pregunten a sus hijos y a sus estudiantes, ellos respondan lo mismo.

Esta entrevista es uno de los 28 reportajes que forman parte del libro “Profesores titulares. Nombramientos 2025”, disponible en este link.

Teoría económica y el diseño de mecanismos 
 

Su investigación se centra en la teoría económica y el diseño de mecanismos: cómo establecer reglas del juego que permitan a individuos e instituciones tomar decisiones que generen resultados socialmente deseables. Su trabajo combina modelos teóricos con aplicaciones en políticas públicas, mercado laboral, educación, subastas y regulación, conectando rigor académico con problemas concretos del país. 

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