27 de Agosto de 2025
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La compañía, creada por estudiantes del Teatro Ensayo de la UC, generó uno de los espacios teatrales más longevos de Latinoamérica.
Por Ana Callejas
Fue un acto de rebeldía y de emprendimiento. En 1955, un grupo de estudiantes de tercer año del Teatro Ensayo en la Universidad Católica, decidieron dejar su escuela para conformar su propia compañía. Así nació el Teatro Ictus, fundado por Sonia Azócar, Carmen Undurraga, Marina González, Paz Yrarrázabal, Julio Rubio, Julio Retamal Favereau, Claudio di Girolamo Carlini, Gabriela Ossa, Irene Domínguez, Mónica Echeverría y el profesor de teatro Germán Becker. Este grupo sería su primer elenco y equipo técnico. Para un inmigrante como di Girolamo uno de sus primeros trabajos pagados en Chile, como escenógrafo y dramaturgo.
Desde ahí se iniciaría una trayectoria ininterrumpida por 70 años, convirtiendo al Teatro Ictus en uno de los más longevos de Latinoamérica.
Un lugar de encuentro
Con el estreno, en 1956, de “La tertulia de los dos hermanos” y “Las suplicantes”, comienza oficialmente la aventura teatral que continúa hasta hoy con estrenos y remontajes de obras de la misma compañía o de autores como Jorge Díaz, Eugéne Ionesco, Mónica Echeverría y William Shakespeare. Siguiendo un formato de trabajo que se fundamentaba en la creación colectiva, se fue explorando una voz más política.
“Ya que haya algo longevo en Chile, eso es curioso. Para mí, formar parte de distintas obras en Teatro Ictus siempre significó un trabajo interesante, con obras de distintos tonos y estilos, que quedaron bastante bien“, recuerda el actor Jaime Vadell, quien actualmente es postulado por la Escuela de Teatro UC para al Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales 2025.
Los textos tras las obras de la compañía Ictus pasaron a ser un sitio de exploración, enlazándose con los dramaturgos salientes de la Generación Literaria de 1950.
Jaime Celedón sería otro de sus íconos, incorporándose casi al mismo tiempo que Jorge Díaz, George Eliot y Nissim Sharim. Tuvo su debut actoral con la obra “La cantante calva” en 1959.
Para los años 60, se llevarían a cabo montajes con el escritor Jorge Díaz, como “Variaciones para muertos de percusión” y “El cepillo de dientes”. Tras el exilio del escritor en los sesentas durante la Dictadura, la compañía Ictus continuó su búsqueda creativa generando obras que no se escondían de la política contingente, como “Pedro, Juan y Diego”, en la que actuó Jaime Vadell.
“Era una obra popular, de ambiente chileno muy típico. Dentro de lo que se podía y de lo que uno mismo aceptaba, se siguió trabajando. Fue en esos tiempos un teatro muy importante, un teatro libertario, fue un teatro de protesta”, dice Vadell.
Quienes fundaron el espacio y algunos de sus miembros más históricos ya no están, tras el reciente fallecimiento de Claudio di Girolamo y de Julio Retamal Favereau. En el funeral del artista italiano una de las coronas más grandes decía “Ictus”, como una huella más de ese lazo de décadas de creación artística.
Hoy, desde la Sala La Comedia, en el Barrio Lastarria, este espacio sigue construyendo una programación constante. Para este año de celebración, la compañía decidió traer de vuelta “Pedro, Juan y Diego”, con un nuevo elenco conformado por Roberto Poblete, Daniel Muñoz, Nicolás Zárate, Emilia Noguera, Víctor Montero y Juan C. Maldonado, hasta el pasado 5 de julio.




