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“La IA no educa por sí sola”: los desafíos de integrar esta nueva tecnología en la educación

19 de Febrero de 2026

5 MINUTOS DE LECTURA

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photo_camera El estudio "Humanidades e Inteligencia Artificial: Un diálogo necesario en la docencia", de la académica UC Silvana Arriagada, está centrado en el uso crítico y pedagógico de la IA. Crédito foto: César Dellepiane.

La rápida expansión de la inteligencia artificial contrasta con la capacidad de docentes y universidades para formar en su uso. Esta brecha dificulta comprender cómo y con qué fines los estudiantes utilizan estas herramientas. Silvana Arriagada, académica de la Facultad de Letras UC, subraya la importancia de emplear la IA de manera crítica, como apoyo y no como reemplazo de las decisiones pedagógicas.

Por Josefina Lira

La inteligencia artificial se puede utilizar para armar una lista con ideas de regalo hasta organizar un viaje completo. Pero más allá de sus usos cotidianos, en el ámbito educacional, sin criterios claros, puede convertirse en una fuente de problemas como el plagio, la invención de fuentes o la pérdida de autonomía cognitiva.

Así lo plantea Silvana Arriagada, profesora de la Facultad de Letras, en su estudio “Humanidades e Inteligencia Artificial: Un diálogo necesario en la docencia”, centrado en el uso crítico y pedagógico de la IA.

“La IA no educa por sí sola: actúa como herramienta de apoyo tanto para el estudiante como para el docente” – Silvana Arriagada, académica UC.

“La inteligencia artificial puede mediar aprendizajes, apoyar el análisis de datos o generar ejemplos y actividades. Pero no reemplaza la interacción pedagógica, el juicio profesional ni la toma de decisiones didácticas”, explica la académica y agrega: “La IA no educa por sí sola: actúa como herramienta de apoyo tanto para el estudiante como para el docente”.

La caja negra

El uso por parte de los estudiantes de la inteligencia artificial es como una caja negra: se sabe que la ocupan, pero no en qué. En el estudio de Arriagada participaron 198 alumnos y alumnas de carreras de Humanidades y Educación, a quienes se les consultó con qué fines han utilizado la IA.

Entre los hallazgos, destaca que recurren a ella principalmente para obtener información sobre cómo planificar clases, seleccionar textos, diseñar actividades didácticas y recibir retroalimentación inmediata sobre sus escritos.

Y aunque su aplicación instrumental ofrece ventajas en términos de autonomía y acceso a apoyo constante, revela la necesidad de enseñar a distinguir entre asistencia y sustitución, es decir,“a utilizar la IA como recurso de mediación reflexiva, más que como reemplazo de la toma de decisiones pedagógicas”, aclara la académica.

“Comprender el uso real de la IA por parte de los estudiantes es complejo debido a factores éticos, de transparencia y autopercepción. Muchos reconocen utilizarla, pero no detallan cómo lo hacen, porque no tienen claridad sobre las implicancias académicas o éticas de hacerlo, o sienten culpa y prefieren no declararlo. Esta opacidad dificulta la formación docente, pues impide comprender los procesos de aprendizaje que están ocurriendo realmente”, explica la experta.

Literacidad en IA

Para lograr comprender, evaluar y aplicar la IA desde una mirada crítica y responsable, la clave no es enseñar a usarla de manera técnica, sino alfabetizar en inteligencia artificial —o literacidad en IA—.

“Significa formar criterios, generar espacios de reflexión y evitar que los estudiantes la usen de manera intuitiva o acrítica. El objetivo no es prohibir la IA, sino aprender a utilizarla con conciencia didáctica, ética y disciplinar”- Silvana Arriagada, académica UC.

“Significa formar criterios, generar espacios de reflexión y evitar que los estudiantes la usen de manera intuitiva o acrítica. El objetivo no es prohibir la IA, sino aprender a utilizarla con conciencia didáctica, ética y disciplinar”, explica Arriagada.

Para lograrlo, los docentes deben enseñar a los futuros profesores a reflexionar sobre el uso de la IA e incorporarla como un recurso para pensar, crear y dialogar con el conocimiento.

“Un docente debe aprender a diseñar actividades que no promuevan solamente la resolución automática, sino el razonamiento, la comparación, el análisis y la creación. También es clave comprender la IA como medio para expandir el aprendizaje, no solo para facilitar tareas. Esa es la diferencia entre usar IA como ‘atajo’ o como ‘andamiaje’: lo primero empobrece la formación; lo segundo la potencia”, dice la académica.

Usos innovadores de IA

Simular conversaciones con grandes autores o personajes literarios, explorar interpretaciones o generar nuevas perspectivas críticas son algunos de los usos innovadores y creativos de la IA que se indicaron en el estudio.

Estas prácticas orientadas a la reflexión sobre la producción mecánica, indica la experta, promueven un pensamiento reflexivo y permiten resignificar la relación entre lector, texto y tecnología.

También se identificaron usos vinculados a la innovación curricular, donde la IA apoya el diseño de materiales diversificados, la creación de ejemplos o la generación de ejercicios personalizados según el nivel de avance de los estudiantes.

Arriagada destaca dos agentes educativos especializados: Gramateca y Chomsk.IA, que facilitan estudiar contenidos complejos, recibir retroalimentación y poner a prueba explicaciones didácticas.

“Esto favorece tanto el aprendizaje disciplinar como la preparación para la práctica profesional: los estudiantes prueban su propio conocimiento y aprenden a usar IA como apoyo para enseñar”, indica.

Acortar las brechas

El estudio reconoce una brecha entre la rápida expansión de las herramientas de inteligencia artificial y la capacidad de los entornos universitarios para formar en su comprensión, regulación y aprovechamiento pedagógico.

Y aunque Arriagada destaca que existen avances desde las universidades para acortar la distancia, el ritmo aún es insuficiente.

“Debemos preguntarnos qué habilidades queremos desarrollar, qué vale la pena conservar y cómo podemos fortalecer lo humano en tiempos de automatización. No se trata solo de prohibir o permitir: se trata de formar criterios para tomar decisiones pedagógicas con autonomía y responsabilidad” – Silvana Arriagada, académica UC.

“Es urgente generar políticas con sensibilidad profesional y disciplinar, especialmente en Humanidades, donde no basta con decir que ‘ya no se pueden pedir más ensayos’. Debemos preguntarnos qué habilidades queremos desarrollar, qué vale la pena conservar y cómo podemos fortalecer lo humano en tiempos de automatización. No se trata solo de prohibir o permitir: se trata de formar criterios para tomar decisiones pedagógicas con autonomía y responsabilidad”, explica la académica UC.

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