13 de Octubre de 2026
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La Dirección de Cumplimiento de la Secretaría General y la Dirección de Admisión y Vinculación Escolar de la VRA dieron a conocer el documento, que busca estandarizar las normas y la forma cómo se desarrolla el trabajo con niños y niñas y adolescentes al interior de la universidad. Además, se anunció la creación de un curso de capacitación orientado a quienes realicen estas actividades.
Por Antonieta Sánchez
Cada año más de 24.000 niños, niñas y adolescentes circulan por los campus de la Universidad Católica para participar en programas académicos, talleres deportivos e iniciativas de extensión a cargo de entidades como Biblioteca Escolar Futuro, Preuniversitario UC, Penta UC y el Instituto de Música, entre otras.
Si bien existían distintas normativas y protocolos para abordar estas actividades, la universidad identificó la necesidad de contar con un estándar común para fortalecer el cuidado y reducir los riesgos asociados al trabajo con menores de edad.
Con ese objetivo, la Dirección de Cumplimiento de la Secretaría General y la Dirección de Admisión y Vinculación Escolar de la Vicerrectoría Académica presentaron, el 24 se septiembre, los Lineamientos de buenas prácticas para actividades en que participen niños, niñas y adolescentes en contexto universitario, elaborados a partir del trabajo de la Mesa de Menores, instancia que reunió a representantes de distintas unidades de la universidad.

La jornada convocó en Casa Central a cerca de 40 personas vinculadas a programas y actividades que trabajan con menores, incluyendo representantes de áreas académicas y administrativas y de organizaciones externas que desarrollan iniciativas en dependencias de la UC.
“Necesitamos estandarizar la forma en que trabajamos con menores de edad al interior de la universidad. Para ello, requerimos una base común que nos permita a todos hablar el mismo idioma y asegurar que los lineamientos se cumplan en todas las unidades en las que participan”, explicó Cristina Fernández, directora de Cumplimiento.
Criterios comunes
Los lineamientos establecen como principios centrales el interés superior de niños, niñas y adolescentes, la transparencia, la no discriminación y el cuidado de su integridad física y seguridad.
El documento entrega orientaciones prácticas para quienes organizan o participan en estas actividades, incluyendo la planificación previa, las autorizaciones necesarias, los registros de asistencia, los contactos de emergencia y la verificación de que las personas que participarán no estén inscritas en el Registro de Inhabilidades para Trabajar con Menores de Edad.

Esta última medida ya comenzó a implementarse. Según explicó Fernández, se han realizado cerca de 8.000 consultas al registro y una primera revisión masiva respecto de quienes trabajan al interior de la universidad. Esta consulta incluye a quienes participan en actividades de voluntariado.
La universidad busca avanzar progresivamente en estos controles respecto de personas externas que participen en actividades con menores. En estos casos, las unidades responsables deberán informar quiénes son los participantes para realizar las verificaciones correspondientes. Los lineamientos se aplican a actividades regulares o periódicas —como talleres, programas académicos, deportivos, culturales o formativos— y no a actividades abiertas al público en las que eventualmente participen niños, niñas o adolescentes.
Orientaciones y recomendaciones
Uno de los capítulos aborda las formas de interacción con niños, niñas y adolescentes, considerando tres criterios: que las acciones sean necesarias, proporcionales y pertinentes. También se establecen orientaciones para la comunicación digital. Se recomienda utilizar canales institucionales y evitar comunicaciones individuales con menores fuera del contexto y horario de las actividades.

Asimismo, se detallan restricciones respecto del envío de contenidos inapropiados, el uso de redes sociales personales para comunicarse con menores y el uso de imágenes de niños, niñas y adolescentes sin las autorizaciones correspondientes.
“Necesitamos estandarizar la forma en que trabajamos con menores de edad al interior de la universidad. Para ello, requerimos una base común que nos permita a todos hablar el mismo idioma y asegurar que los lineamientos se cumplan” – Cristina Fernández, directora de Cumplimiento.
En cuanto a los espacios físicos, se recomienda que las actividades se desarrollen en lugares visibles y que se consideren las condiciones de accesibilidad, higiene y seguridad, además de las vías de evacuación.
La universidad también proyecta fortalecer la coordinación con sus equipos de seguridad, administración y prevención de riesgos, de manera que quienes trabajan con menores conozcan los canales de apoyo disponibles y puedan informar anticipadamente actividades que requieran medidas especiales.
Qué hacer frente a una situación de riesgo
Otro de los capítulos está dedicado a las señales físicas, conductuales y emocionales que podrían alertar sobre una eventual vulneración de derechos. La recomendación para quienes participan en estas actividades es escuchar y contener. Ante una situación de este tipo, se debe registrar objetivamente lo ocurrido y comunicarlo a través de los canales institucionales correspondientes. “Frente a cualquier situación que ustedes piensen, sospechen o que hay indicios de una situación de violencia sexual, especialmente o de cualquier tipo de vulneración, debemos actuar de manera urgente, prioritaria”, señaló Fernández.
Los lineamientos recuerdan además las obligaciones de denuncia contempladas tanto por la normativa interna de la universidad como por la legislación vigente.
En caso de actividades desarrolladas por terceros, los lineamientos establecen que debe existir un integrante de la UC que conozca y supervise la actividad y que sirva como responsable institucional frente a eventuales situaciones. Las personas externas también deberán conocer y aceptar las buenas prácticas, mientras que la universidad podrá supervisar las actividades y suspenderlas si se detectan incumplimientos.
Un documento vivo
Durante la presentación, el secretario general, Juan Eduardo Ibáñez, destacó que la iniciativa busca avanzar hacia una gestión institucional del riesgo asociado al trabajo con menores. “Recibir un menor en una actividad de la universidad nos expone a un estándar de cuidado muy alto”, señaló. Explicó que la magnitud y diversidad de actividades que se desarrollan en la UC hacen necesario superar los esfuerzos individuales y avanzar hacia criterios comunes.

Ibáñez valoró además el carácter interdisciplinario de la Mesa de Menores, que reunió a representantes de unidades como Educación, Derecho, Protección de Datos, Música, Deportes, Pastoral y Admisión y Vinculación Escolar.
Respecto a los lineamientos, planteó que su expectativa es publicar próximamente una segunda edición que incorpore los aportes de los usuarios. “Lo peor que nos puede pasar es que esto quede en el cajón. Este tiene que ser un documento compartido, un documento vivo”, afirmó.
El secretario general destacó que la presentación de las buenas prácticas constituye una primera etapa de un trabajo más amplio que contempla capacitación, implementación y su actualización periódica. “Tenemos que formarnos a todos los que trabajamos con menores. Y ese curso tiene que ser una experiencia formativa profunda para poder asegurar que eso se haga conforme a la identidad de la universidad”, sostuvo.
Nuevo curso
Como parte de esta segunda etapa, la universidad anunció la próxima implementación de un curso, desarrollado junto con la Facultad de Educación, para entregar herramientas pedagógicas y prácticas a quienes participan en actividades con menores. Según explicó Consuelo Macari, subdirectora de Vinculación Escolar, el curso estará disponible hacia fines de octubre para académicos, profesionales y administrativos, y estudiantes que se desempeñen como capacitadores, tutores, ayudantes o voluntarios en actividades con niños, niñas y adolescentes.
La iniciativa contempla además una certificación digital que permita dejar registro de quienes completan la formación.
Florencia Gómez, profesora de la Facultad de Educación y líder de este proyecto, explicó que el desafío fue diseñar una propuesta accesible para personas con distintas formaciones y niveles de experiencia.
El curso será principalmente autoguiado y contará además con instancias remotas y un taller presencial. Este último buscará que los participantes puedan vincular los contenidos aprendidos con las actividades específicas que desarrollan en sus respectivos programas.
“La idea es ofrecer herramientas pedagógicas y herramientas para el vínculo con niños, niñas y adolescentes”, explicó Gómez, quien agregó que el cuidado no se relaciona únicamente con conocer leyes y normativas, sino también con desarrollar conocimientos y habilidades que permitan comprender mejor las distintas realidades de los menores.
La capacitación y la implementación de los lineamientos serán parte de un proceso progresivo. Para las actividades regulares, se contempla actualizar la aceptación de las buenas prácticas cada dos años, mientras que en iniciativas esporádicas se realizará con mayor frecuencia.



