10 de Julio de 2026
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Académicos UC afirman que tres minutos no es suficiente y que se requerirían al menos 15: lo que dura el entretiempo. También cuestionan la falta de sombra durante la pausa. "Si fuera realmente una pausa para enfriar al jugador, la FIFA indicaría irse al camarín o a la sombra", señala el Dr. Luis Vergara, deportólogo UC.
Por Felipe Arancibia Muñoz
El desarrollo de la Copa Mundial de la FIFA 2026 ha estado marcado por emocionantes partidos, goles de último minuto y selecciones que están dando la sorpresa. Pero también por inéditas pausas de hidratación que tienen lugar durante tres minutos a la mitad de cada tiempo del encuentro.
Planteadas inicialmente para partidos que superaban el umbral de 32°C, la FIFA decidió que las medidas se apliquen durante todo el Mundial, para resguardar la integridad de los jugadores ante las olas de calor en Estados Unidos, México y Canadá.
La valoración de parte de los involucrados hasta ahora es negativa: entrenadores y futbolistas consideran que interrumpe el ritmo del juego y los aficionados pifian durante las pausas, que son usadas por los canales de televisión para mostrar publicidad.
Por parte de los especialistas, sin embargo, el juicio de fondo es positivo. Para Mauricio Ríos, académico de Nutrición y Dietética UC y presidente del Colegio de Nutricionistas, las pausas de hidratación siempre han sido parte del fútbol. “Es una buena estrategia. Lo que hace esta pausa de tres minutos es permitirle al deportista hidratarse con agua o con bebida isotónica. Eso ayuda a retrasar la fatiga y a mejorar las condiciones energéticas”, señala.
En la misma línea, el académico de Kinesiología UC, Rodrigo Fuentes, afirma que “tres minutos alcanzan para hidratar parcialmente al jugador, disminuir la sensación de esfuerzo y aplicar estrategias de enfriamiento superficial, como bebidas frías o toallas con hielo”.
Aunque el beneficio para los jugadores no es parejo. El kinesiólogo UC, Cristóbal San Martín, estima que “específicamente en el fútbol los más beneficiados con estas medidas son los que tienen un mayor recorrido dentro del campo de juego, como laterales y mediocampistas”. Mauricio Ríos concuerda: “la deshidratación depende de los factores de explosividad del juego: un lateral o un mediocampista se va a deshidratar mucho más que un arquero, por ejemplo”.
“Tres minutos no es suficiente”
No obstante, para mantener el control de la temperatura corporal y evitar golpes de calor, los tres minutos podrían no ser suficientes.
El Dr. Luis Vergara, deportólogo UC, advierte que los primeros síntomas de un golpe de calor son difíciles de detectar en pleno partido: “Lamentablemente, los síntomas más notorios de un golpe de calor en la cancha aparecen cuando ya hay desmayo, pérdida de consciencia o vómito”.
Rodrigo Mancilla, académico de Kinesiología UC, complementa el cuadro desde el punto de vista de la pérdida hídrica: la deshidratación excesiva “gatilla alteraciones cognitivas, que se pueden reflejar en la toma de decisiones, el nivel de concentración y la velocidad de reacción”, un efecto que en el fútbol se traduce directamente en errores dentro de la cancha.
Frente a esa amenaza, el Dr. Vergara analiza: “Claramente, tres minutos no es una cantidad de tiempo suficiente. Pero, probablemente tampoco sea posible dar más, porque para una termorregulación real habría que dejar un descanso de al menos 15 minutos, algo que ya existe: el entretiempo”.
“Ni siquiera van a la sombra; están en la misma cancha. Si fuera realmente una pausa para enfriar al jugador, la FIFA indicaría irse al camarín o a la sombra. Siguen a pleno sol. La indicación no es bajar la temperatura: es, más que nada, recuperar agua”, complementa.
En esta línea, Rodrigo Fuentes apunta a que para una pausa efectiva “algunos estudios plantean desde 5 a 6 minutos, otros aún más”, aunque aclara que ni siquiera eso alcanzaría para una recuperación térmica e hídrica completa, que “puede significar horas”.
Mancilla pone cifra a esa recuperación completa: el organismo “puede alcanzar su equilibrio térmico e hídrico pre-competencia luego de 24 a 48 horas aproximadamente”, dependiendo de las estrategias de recuperación utilizadas. Una pausa de tres minutos, resume, “podría generar una disminución transitoria de la temperatura corporal, pero es imposible que logre el equilibrio térmico e hídrico pre-partido”.
Al respecto, Mauricio Ríos pone foco en la dinámica y continuidad del partido: “Si bien es cierto que para lograr una mayor regulación necesitamos un poco más de tiempo, yo creo que se está primando un poco eso: la velocidad del juego”.
Suspensión de partidos
Este domingo, el partido por octavos de final entre México e Inglaterra, disputado en la capital azteca, debió ser retrasado dos veces debido a una tormenta eléctrica.
Al respecto, el Dr. Vergara es tajante: “Así como suspenden un partido por tormenta o por riesgo de rayos, también debería suspenderse ese partido y esperar a que baje la temperatura. Habría que ser un poco consecuente con eso”.
“En otros deportes se usan índices de riesgo para los deportistas, una especie de semáforo, que considera no solo la temperatura, sino también la humedad, la velocidad del viento y la radiación solar”, agrega.
¿Se podrían aplicar las pausas de hidratación en Chile?
Rodrigo Fuentes plantea que la geografía chilena obliga a pensar la medida por zonas: “no es lo mismo jugar un partido en Santiago o en el norte durante el verano que hacerlo en el sur del país”. Su recomendación es evaluar temperatura, humedad, radiación, horario y nivel de aclimatación de los jugadores caso a caso, considerando además “el potencial efecto del cambio climático sobre el deporte en ambientes abiertos”.
Ríos coincide en que la medida es aplicable, sobre todo en las zonas del país con mayor variación térmica durante primavera y verano, aunque advierte que buena parte de los campeonatos, formativos y competitivos, terminan justo antes de esas fechas, lo que podría justificar extender los cuidados también al inicio de la temporada siguiente.


