7 de Julio de 2026
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Incorporar criterios de rendimiento, asistencia y entrevistas a las familias en colegios sobredemandados, son algunos de los puntos que se cuestionan del proyecto que anunció el Gobierno. Este tensiona las recomendaciones que realizó la Mesa Técnica del SAE, que planteó perfeccionar el sistema sin reemplazar su arquitectura central. "Se estaría creando un nuevo subsistema de admisión escolar selectivo, que la Mesa Técnica nunca contempló", advierte Alejandro Carrasco, decano de Educación UC, quien integró la mesa.
Por Cristian Contardo
Este martes la ministra de Educación, María Paz Arzola, se reúne con la Comisión de Educación de la Cámara para abordar el proyecto de ley que modifica el Sistema de Admisión Escolar (SAE), presentado por el Gobierno a fines de junio.
La discusión continuará este miércoles, cuando la comisión vuelva a sesionar junto a diversos actores del mundo educativo para analizar la iniciativa.
El proyecto propone modificar el modelo vigente del SAE y restablecer la posibilidad de que los establecimientos educacionales seleccionen a parte de sus estudiantes.
Según ha señalado el Gobierno, la iniciativa busca recuperar el mérito, reforzar la autonomía de los establecimientos y devolver mayor protagonismo a las familias en la elección escolar.
Esta mirada contrasta con las conclusiones del informe de recomendaciones de la Mesa Técnica del SAE, convocada en 2025 para evaluar el sistema, que determinó que la evidencia acumulada no justificaba un reemplazo estructural, aunque sí la incorporación de mejoras.
“Se estaría creando un nuevo subsistema de admisión escolar selectivo, que la Mesa Técnica nunca contempló. La Mesa propuso fórmulas para incorporar el rendimiento académico o ampliar la definición de hermanos mediante una reformulación de los criterios de prioridad, además de otros mecanismos (…) sin necesidad de desmantelar el sistema existente”, Alejandro Carrasco, decano de la Facultad de Educación UC y miembro de la Mesa Técnica del SAE
Para Alejandro Carrasco, decano de la Facultad de Educación UC e integrante de la Mesa Técnica del SAE, la propuesta del Ejecutivo conocida hasta ahora apunta en una dirección distinta a la discutida en esa instancia.
“Con los anuncios, se estaría creando un nuevo subsistema de admisión escolar selectivo, que la Mesa Técnica nunca contempló. La Mesa propuso fórmulas para incorporar el rendimiento académico o ampliar la definición de hermanos mediante una reformulación de los criterios de prioridad, además de otros mecanismos para subsanar los problemas identificados con el SAE, sin necesidad de desmantelar el sistema existente”, señala el también investigador del Centro de Justicia Educacional (CJE).
El conflicto con la asignación aleatoria
Uno de los principales puntos de debate en torno al SAE ha sido el mecanismo de asignación de cupos. Este sistema considera, en primer lugar, las preferencias que declaran las familias al momento de postular. En el caso de que la demanda supere los cupos disponibles en un establecimiento, se contemplan distintos criterios de priorización como: hermanos que asistan al mismo recinto, estudiantes vulnerables, hijos de funcionarios y exalumnos. Solo después de esto, opera el mecanismo aleatorio.
En este contexto, Cristóbal Villalobos, académico de la Facultad de Educación UC e investigador de CEPPE UC, advierte sobre la simplificación del debate en torno al concepto de “tómbola”: “Hablar de ‘tómbola’ reduce el debate a una imagen muy simple, porque el SAE no parte del azar, sino de las preferencias que declaran las familias. El componente de priorización aparece solo cuando no hay cupos suficientes para todos quienes postulan a un mismo establecimiento”, explica.
“Hablar de ‘tómbola’ reduce el debate a una imagen muy simple, porque el SAE no parte del azar, sino de las preferencias que declaran las familias. El componente de priorización aparece solo cuando no hay cupos suficientes para todos quienes postulan a un mismo establecimiento” – Cristóbal Villalobos, académico UC
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Además, el académico agrega que: “La discusión de fondo no es solo si hay o no sorteo, sino qué hacemos con un sistema donde algunas escuelas concentran más demanda y otras no logran atraer postulaciones. Ahí el problema ya no es únicamente el mecanismo de asignación, sino la desigual distribución de la oferta escolar y las preferencias de las familias, que también reproducen diferencias estructurales”.
¿Reformar el SAE o crear un nuevo esquema de selección?
De acuerdo a lo que se ha conocido, la propuesta del Gobierno contempla que los establecimientos sobredemandados puedan optar entre dos mecanismos de admisión, ambos administrados a través de una plataforma única del Ministerio de Educación: Uno seguiría siendo la “Asignación Aleatoria”, que mantendría el sistema centralizado mediante algoritmo y criterios de prioridad.
Pero se sumaría la modalidad de “Elección Mutua”, que permitiría considerar variables como adhesión al proyecto educativo, asistencia previa, participación en reuniones informativas, aptitudes para programas de especialización, proximidad territorial, entrevistas y, desde 7° básico, rendimiento académico.
Carrasco afirma que utilizar el rendimiento académico como criterio de admisión “tensiona el principio de igualdad de oportunidades, ya que los colegios con mayor demanda, que son en general los de mejor calidad, en adelante estarán reservados para las familias que el establecimiento seleccione, es decir, para familias que ya cuentan con mejores condiciones de origen”.
Por otro lado, la asistencia podría ser interpretada como una señal de compromiso escolar. Sin embargo, plantea la necesidad de considerar trayectorias marcadas por enfermedad, cuidados familiares, dificultades de traslado, precariedad habitacional u otras condiciones sociales que pueden incidir en la asistencia de los estudiantes, tal como han mostrado estudios recientes de CEPPE UC.
Las entrevistas son probablemente la variable más sensible. Aunque pueden considerarse como una forma de conocer mejor a las familias o verificar adhesión al proyecto educativo, también han sido históricamente uno de los mecanismos más difíciles de estandarizar y fiscalizar, como evidenciaron investigaciones previas a la implementación del SAE.
Este tipo de instrumentos “puede abrir espacios de discrecionalidad difíciles de controlar, porque la última palabra para asignar un cupo podría dejar de estar en la preferencia familiar, los criterios de prioridad o el azar, y pasar a depender de la voluntad del establecimiento”, subraya el decano de la Facultad de Educación UC.


