3 de Septiembre de 2025
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Al no existir una vacuna, la circulación continua de la bacteria Streptococcus pyogenes permite que esta siga siendo una infección endémica, de bajo riesgo para la población cuando se maneja adecuadamente. Expertos recomiendan mantener al día las vacunas rutinarias como la de influenza y COVID-19 que, aunque no previenen la escarlatina, ayudan a evitar infecciones que podrían agravar la situación.
Por Comunicaciones IMII
Recientes reportes de autoridades sanitarias muestran que este año se ha visto un aumento de casos de escarlatina en Chile. En 2023 se confirmaron 192 aislamientos invasivos y en el 2024 se reportaron 325 casos, concentrados en las regiones centrales de nuestro país. Si bien la OPS/OMS ha alertado sobre repuntes regionales, destaca que, en términos globales, la escarlatina sigue siendo una infección endémica con riesgo poblacional bajo cuando se maneja adecuadamente.
¿Qué es la escarlatina? ¿A quiénes afecta?
La escarlatina, o fiebre escarlatina, es una infección bacteriana aguda típica de la infancia, causada por la bacteria Streptococcus pyogenes (estreptococo β-hemolítico del grupo A), cuya toxina genera un característico sarpullido rojo. Se presenta con síntomas como dolor de garganta, fiebre alta y una erupción cutánea que suele iniciar en el cuello y extenderse progresivamente por el resto del cuerpo.
En general, coinciden expertos de la Facultad de Ciencias Biológicas (FCB) y del Instituto Milenio en Inmunología e Inmunoterapia (IMII), con diagnóstico y tratamiento temprano, la evolución de esta enfermedad infecciosa es favorable, y en la mayoría de los casos, se resuelve con tratamiento de antibióticos.
La escarlatina se presenta con síntomas como dolor de garganta, fiebre alta y una erupción cutánea que suele iniciar en el cuello y extenderse progresivamente por el resto del cuerpo.
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En Chile, la escarlatina es endémica con brotes periódicos. Estudios clásicos muestran oscilaciones estacionales y ciclos epidémicos cada cuatro o cinco años. La circulación continua del estreptococo A en la población, junto a la ausencia de vacunas específicas contra esta bacteria, impide su erradicación. Sin embargo, además de producir faringoamigdalitis y escarlatina, la bacteria también puede producir otras enfermedades como infecciones de la piel, conocidas como impétigo, y enfermedades graves cuando causa infecciones invasivas.
¿Por qué no se ha erradicado en Chile?
Alexis Kalergis, profesor titular UC y director del IMII, explica que “la disminución de la transmisión de esta bacteria requiere aplicar mecanismos de interrupción completa de la transmisión, lo que es muy difícil de lograr en una vacunación que permita generar inmunidad protectora específica contra esta bacteria en la población. Lamentablemente, aún no existen vacunas aprobadas para su uso en humanos contra el estreptococo del grupo A”.
“Al no haber inmunidad de rebaño inducida por una vacuna y la circulación continua de la bacteria, la escarlatina persiste en la población chilena”- Susan Bueno, académica Facultad de Ciencias Biológicas UC
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Por su parte, la académica Susan Bueno, profesora titular de la FCB, e investigadora principal del IMII, comenta que esta bacteria puede colonizar personas sanas o causar faringitis leve sin síntomas graves, manteniéndose silenciosamente en la comunidad. “Los ciclos epidémicos estacionales, con más casos al final del invierno y primavera, y los repetidos brotes cada pocos años, son consistentes con la dinámica endémica descrita en Chile. En resumen, al no haber inmunidad de rebaño inducida por una vacuna y la circulación continua de la bacteria, la escarlatina persiste en la población chilena”, dice la experta.
La infección también puede producir cuadros más severos

Los síntomas iniciales de la escarlatina son similares a los de una faringitis estreptocócica: fiebre alta, garganta muy inflamada, pústulas en amígdalas y faringe y ganglios cervicales sensibles. Entre las 12 y 48 horas de fiebre aparece un sarpullido difuso, de color rojizo intenso y áspero al tacto, como “piel de gallina”.
Empieza en el cuello y cara, y luego se extiende por el tronco y extremidades, con énfasis en axilas, codos e ingle. Aproximadamente, a la semana de comenzar la enfermedad, el sarpullido desaparece dejando descamación de la piel en manos y pies.
Otro hallazgo típico es la denominada “lengua aframbuesada”: Inicialmente la lengua aparece cubierta por una capa blanquecina que luego se desprende dejando la superficie roja brillante con papilas hipertróficas. Este aspecto, muy característico, suele coincidir con la fase exantemática de la enfermedad.
Pablo González, profesor asociado de la Facultad de Ciencias Biológicas UC e investigador principal del IMII, señala que, aunque poco frecuente, esta infección puede producir cuadros más severos, por ejemplo, en algunos casos aparecen puntos rojos en el paladar, palidez peribucal (zona alrededor de la boca más pálida), y síntomas generales como cefalea, náuseas, vómitos o dolor abdominal.
Si no se trata, la infección puede complicarse, diseminándose a oídos, pulmones o riñones y provocar condiciones graves. La complicación más temida es la fiebre reumática, una afección del corazón y articulaciones, o la glomerulonefritis, que hoy en día son muy poco frecuentes gracias al tratamiento antibiótico precoz”, subraya el investigador.
“Aunque poco frecuente, esta infección puede producir cuadros más severos, por ejemplo, en algunos casos aparecen puntitos rojos en el paladar, palidez peribucal (zona alrededor de la boca más pálida), y síntomas generales como cefalea, náuseas, vómitos o dolor abdominal”.- Pablo González, profesor asociado de la FCB e investigador principal del IMII.
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Como aún no existe vacuna contra la escarlatina, es doblemente importante la prevención y las medidas higiénicas: cubrir la boca al toser y estornudar, lavarse las manos con agua y jabón, o gel alcohólico, varias veces al día y mantener limpias y ventiladas las áreas comunes. “Mantener al día las vacunas rutinarias como aquellas contra influenza y COVID-19, no previene la escarlatina’ pero sí ayuda a evitar infecciones que podrían agravar la situación”, subraya el profesor Kalergis.
En resumen -y aunque en los últimos meses se han detectado más casos en Chile-, expertos coinciden en que la escarlatina debe considerarse una enfermedad tratable, con buen pronóstico y bajo riesgo para la población si se siguen las recomendaciones médicas.




