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Pobreza más allá del ingreso: escuela y comida saludable

30 de Julio de 2025

5 MINUTOS DE LECTURA

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photo_cameraLa pobreza monetaria no solo limita la cantidad de comida, sino también su calidad, afectando directamente la salud de las personas. Fotografía: Karina Fuenzalida

La nueva propuesta para medir la pobreza en Chile considera ahora variables como la alimentación saludable y la calidad de la educación, marcando un giro hacia una visión más integral y realista. La actualización de la metodología busca visibilizar una “pobreza oculta” que no se detectaba bajo los criterios tradicionales de ingreso y calorías.

Por Virginia Soto-Aguilar C.

La pobreza ya no se mide solo por ingresos. Tras más de un año de trabajo, la Comisión Asesora Presidencial para la Actualización de la Medición de la Pobreza presentó un nuevo enfoque para evaluar la pobreza en Chile, basado en un índice de carácter multidimensional. La propuesta —que ya fue acogida por el Gobierno— incorpora aspectos clave de la vida cotidiana, como el acceso a una alimentación saludable y la calidad de la educación recibida. Este cambio metodológico ha sido ampliamente debatido en el mundo académico, incluyendo especialistas de la Universidad Católica, quienes valoran los avances pero también advierten sobre ciertos desafíos. 

Desde la Facultad de Medicina UC, el nutricionista y académico José Moya destaca que “la propuesta de una canasta saludable es un avance, ya que deja de medir la pobreza por la capacidad de sobrevivir con las calorías de menor costo; eleva el estándar, acercándose al de una alimentación saludable”. Hasta ahora, la Canasta Básica de Alimentos (CBA) consideraba solo el consumo de 2.000 calorías diarias, sin distinguir entre alimentos saludables o ultraprocesados. 

El nuevo enfoque propone reducir en un 50% el contenido de ultraprocesados en la canasta. Aunque es un cambio significativo, el profesor Moya subraya que “hubiese sido recomendable considerar la propuesta del GTOP, que sugería eliminarlos por completo”, ya que la alimentación malsana es uno de los principales factores de riesgo para enfermedades no transmisibles. 

“La propuesta de una canasta saludable es un avance, ya que deja de medir la pobreza por la capacidad de sobrevivir con las calorías de menor costo; eleva el estándar, acercándose al de una alimentación saludable” – académico UC José Moya

Pero el impacto va más allá de la nutrición. Para el académico, este nuevo enfoque también transforma la forma en que entendemos la salud pública: “Permite transitar desde una lógica de responsabilidad individual a una estructural, ya que las elecciones están fuertemente condicionadas por el entorno alimentario y la asequibilidad”. Esto significa que la pobreza monetaria no solo limita la cantidad de comida, sino también su calidad, afectando directamente la salud de las personas. 

Incluir la calidad de la educación como dimensión de la pobreza es “valioso y urgente”. Fotografía: Karina Fuenzalida.

Educación: un factor que también importa 

Desde la Facultad de Educación UC, las profesoras Verónica Santelices y Magdalena Müller también han seguido con atención esta actualización. En su opinión, incluir la calidad de la educación como dimensión de la pobreza es “valioso y urgente”. Sin embargo, advierten que el uso exclusivo del SIMCE como indicador puede ser problemático. “Hacer del SIMCE —originalmente concebido como herramienta de mejora— un criterio de clasificación social, podría reforzar estigmas hacia comunidades educativas que trabajan en contextos adversos”. 

La propuesta de la Comisión incluye si un integrante del hogar asiste a un establecimiento donde más del 50% de los estudiantes presentan rendimientos insuficientes. Para las académicas, este enfoque es insuficiente y riesgoso. “Así como las calorías no parecen ser un indicador óptimo… los indicadores educacionales propuestos no profundizan suficientemente en la medición de calidad”. 

En cambio, proponen alternativas más completas: “Idealmente, la medición de calidad de la educación debería basarse en indicadores de alta frecuencia y medidos al mismo nivel que el resto de los indicadores, es decir, a nivel individual. Un ejemplo podría ser la promoción y graduación oportuna a través de los distintos niveles educacionales”. 

Además, destacan la importancia de incorporar dimensiones más integrales de la experiencia educativa: “También sería deseable la consideración de otras dimensiones de la vida escolar, tales como la convivencia y la promoción del desarrollo integral”, agregan. 
 

Uno de los aspectos más valorados por el mundo académico es que esta nueva metodología permite identificar lo que el profesor José Moya llama “pobreza oculta”. Fotografía: Karina Fuenzalida.

Una visión más justa y realista 

Uno de los aspectos más valorados por el mundo académico es que esta nueva metodología permite identificar lo que el profesor José Moya llama “pobreza oculta”: familias que, si bien no están bajo la línea oficial de pobreza por ingresos, no tienen acceso a una dieta saludable ni a una educación de calidad. Esto, en palabras del académico, “permitirá mejorar el diseño de políticas públicas, al tener un diagnóstico más certero”. 

Para Santelices y Müller, el camino correcto es avanzar hacia un diseño metodológicamente sólido y socialmente cuidadoso: “Si el foco está en garantizar derechos, el diseño debe ser pedagógicamente legítimo”. 

Al sumar dimensiones como salud y educación, se da un paso hacia políticas públicas más integrales y justas. Pero, como advierten los expertos UC, el desafío ahora será implementar estas nuevas métricas con precisión, responsabilidad y una profunda sensibilidad social. 

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